1.- EL FUTURO DE LA CLASE TRABAJADORA
La etapa histórica que nos ha tocado vivir
tiene como rasgo particular la
incertidumbre en el futuro; ello se explica porque eso
es lo único que el
capitalismo nos puede ofrecer. Sin embargo, apenas se
remueve la capa
superficial de la confusión en que viven millones
de seres, se vislumbra la
perspectiva histórica de la humanidad, pues la
profusa propaganda sobre la
crisis del socialismo real, finalmente no pudo ocultar
la absoluta incapacidad
del capitalismo para resolver los problemas fundamentales
de la sociedad; mucho
menos la crisis interna de ese sistema la que se expresa,
por una parte, en la
feroz lucha entre los imperios económicos por
el dominio de la tecnología de
punta y el control del mercado mundial, y por otra, en
la irrefrenable
revolución científico-tecnológica
que multiplica la producción de mercancías, en
tanto se arroja al desempleo, la miseria extrema y la
hambruna a la mayoría de
la población del mundo.
La crisis definitiva del capitalismo es inevitable,
pues el siglo XXI -que
prevé el agotamiento de recursos naturales, a
consecuencia de la destrucción
ecológica y el despilfarro en áreas del
capital; que advierte el más grande
incremento demográfico y con ello el crecimiento
de la demanda de alimentos y
bienes para la población; que impulsará
el desarrollo tecnológico a niveles
insospechados- reclama desde ahora un nuevo sistema de
la vida social, que sea
capaz de dar cause a las potentes fuerzas productivas
del futuro, atender las
necesidades de la población mundial y preservar
el medio ambiente. Ni la
humanidad, ni la naturaleza pueden seguir soportando
más un sistema que se apoya
en la destrucción de ambos.
El imperialismo, ahora sin enemigo al frente al
cual culpar de sus
incapacidades, se ha evidenciado como el principal enemigo
del hombre. Ha
llegado el momento, anticipado por Marx, en el cual el
capitalismo se ha
convertido en una estrecha camisa de fuerza que frena
el desarrollo de las
fuerzas productivas y, consecuentemente, ha agotado sus
potencialidades de
desarrollo, con lo cual se crean las condiciones objetivas
para el cambio
social.
Por otra parte, a pesar del innegable vacío
ideológico que dejó la crisis del
socialismo real, a pesar de la nueva conformación
que la revolución
científico-tecnológica está generando
en la clase obrera del mundo, a pesar de
todo ello, ni la lucha de clases ha desaparecido, sino
que se ha profundizado,
ni la clase trabajadora se ha resignado a quedarse sin
objetivo histórico, ni
mucho menos ha perdido su carácter esencialmente
revolucionario y transformador,
citado por Marx, como la clase más interesada
en la transformación
revolucionaria de la sociedad, la enterradora del capitalismo.
Los convocantes asumimos el reto que nos plantea
esta etapa, de contribuir a la
recreación de la nueva utopía, a la reconstrucción
del objetivo histórico por un
nuevo sistema de la vida social que elimine las bases
económicas de la
destrucción de la naturaleza, de la enajenación
y reificación del ser humano,
permitiendo con ello su liberación definitiva;
de un nuevo sistema basado en
relaciones que no sean un obstáculo para el desarrollo
de las fuerzas
productivas, sino el soporte para su impetuoso desarrollo.
Un sistema construido
por el hombre y para el desarrollo del hombre; un sistema
que oponga a la lógica
del dinero, la lógica de la racionalidad y del
humanismo. El sistema del nuevo
humanismo en el cual la superación del hombre
sea el centro de todas las
preocupaciones sociales, del hombre con minúscula,
es decir, el humanismo para
todos los hombres de la tierra.
Un sistema de estas características no puede
apoyarse más que en la propiedad
social de los medios de producción y el cambio.
Luchamos por el sistema en el
cual la clase trabajadora, manual e intelectual de México,
posea y administre
para bien de la sociedad, las fábricas, las tierras,
los bosques, la explotación
pesquera, los bancos, los centros de educación
y, en general, los centros de
producción y los servicios. Convocamos pues a
luchar por la creación de la nueva
democracia socialista, para sustituir el sistema de la
democracia burguesa, en
el cual las decisiones fundamentales finalmente las toman
un breve grupo de
capitalistas.
2.- LA AUTOCRÍTICA ES INDISPENSABLE
En tal virtud, la reconstrucción del objetivo
histórico sólo puede hacerse a
partir de la necesaria reflexión, basada en la
autocrítica rigurosa, en el
conocimiento de fallas y rectificación de errores,
apoyados en la relectura de
las fuentes originales de la teoría revolucionarias,
en la indispensable
reafirmación de los principios y afinación
de tácticas y estrategias; en
consecuencia, en el rechazo a dogmas y concepciones reduccionistas
o
positivizantes de la realidad, lo cual nos debe conducir
a la redefinición
actualizada del nuevo programa revolucionario, jamás
a la claudicación.
Una de las enseñanzas de la experiencia
del socialismo real es la propia
viabilidad de la clase obrera de acceder al poder, porque
es la superación del
socialismo como teoría, para consumarse como práctica.
Esta experiencia
histórica nos enseñó que la construcción
del nuevo régimen no puede ser de otra
forma que por decisión voluntaria del pueblo y
en consulta permanente con él;
pero también hemos aprendido que sólo a
partir del respecto a la dignidad del
ser humano es posible construir una nueva sociedad, que
establezca las
condiciones para la creación de un nuevo tipo
de hombre.
Es decir, que la nueva sociedad socialista no significa
la negación de los
postulados originales de libertad y democracia sostenidos
por la burguesía en su
etapa revolucionara, sino el establecimiento de la base
económica para su
realización plena. La nueva sociedad no debe reproducir
las condiciones que
generan la enajenación y reificación del
ser humano, sino suprimirlas y sentar
las bases para su plena realización. El nuevo
régimen basado en la propiedad
social de los medios de la producción debe ser
profundamente democrático, pues
los regímenes basados en la dirección vertical
y la represión sólo reflejan el
temor y la desconfianza al pueblo.
La autocrítica debe alcanzar a la izquierda
mexicana que ha incurrido en
actitudes impregnadas de determinismo y de voluntarismo
en la interpretación de
la realidad nacional e internacional, sin olvidar los
vicios del dogmatismo, el
sectarismo y la deformación del marxismo. En otros
casos tampoco ha escapado a
la intervención y dependencia del gobierno, ni
a los vicios del oportunismo, del
burocratismo y la corrupción hacia dentro de algunas
de sus organizaciones, por
lo cual ha sido incapaz de estructurar y echar a andar
un proyecto nacional que
aglutine al resto de las fuerzas democráticas,
patrióticas y antiimperialistas
de México, permitiendo el avance del neoliberalismo
y dejando, consecuentemente,
a la clase trabajadora sin perspectivas inmediatas y
futuras.
3.- LA BURGUESÍA BUROCRÁTICA Y NEOLIBERAL NO DEBE SEGUIR GOBERNANDO A MÉXICO
A punto de iniciarse el tercer milenio, el pueblo
mexicano es testigo
presencial de cambios profundamente negativos en el sistema
político y económico
del país, que ha promovido el grupo neoliberal;
cambios que se nos presentan
como renovadores y modernizasteis, pero que en realidad
han propiciado y
multiplicado la intromisión externa en nuestra
vida interna como nación, y
reducido nuestra capacidad de autogobernarnos con soberanía.
En ese mismo
camino, han sentado las bases para el saqueo permanente
de nuestra economía,
poniendo al país en riesgo de anexión a
los Estados Unidos, por lo que bien
pueden considerarse como cambios profundamente regresivos.
Tales cambios se han realizado en beneficio del
capitalismo internacional, del
imperialismo y de la burguesía criolla, la cual
no ha desaprovechado la ocasión
para incrementar sus fortunas, en tanto la mayoría
de los mexicanos, incluyendo
la clase media urbana y rural, padecen circunstancias
económicas extremadamente
duras, y una parte considerable de la población
vive en la miseria extrema,
particularmente en el campo, en los cinturones de miseria
de las grandes
ciudades y en las zonas indígenas de todo el país.
En lo político, para favorecer la integración
económica y política a los
Estados Unidos, ha modificado sustancialmente la estructura
del Estado mexicano,
el cual ha reducido las funciones que le asignara el
movimiento revolucionario
de 1910, de tal forma que hasta ahora se ha convertido
en una pequeña entidad,
tanto por la cantidad de sus funciones como por su capacidad
para orientar el
rumbo económico del país. Y desde luego,
su conformación y línea política son
abiertamente reaccionarias.
Las conquistas populares que tanto esfuerzo costaron
a generaciones pasadas se
han reducido, minimizado y, en algunos casos, liquidado.
Así, la educación
pública, las conquistas sindicales, las propias
organizaciones sociales de los
trabajadores, la seguridad social, la propiedad ejidal
y el sector estatal de la
economía, han sufrido mermas que en algunos casos
amenazan su supervivencia. A
consecuencia de ello, México es más que
una nación intervenida, un país de dos
mundos: el mundo de los supermillonarios que todo lo
tienen y que forman menos
del 5% de la población, y el mundo de los pobres,
de los desposeídos, que
conforman en diversos estamentos no muy diferenciados,
el 95% de la población
mexicana.
El capitalismo, en su expresión más
salvaje y explotadora: la expresión
neoliberal, ha creado su propia superestructura cultural
e ideológica que lo
sostiene y retroalimenta; aprovecha la incertidumbre
en el futuro para nulificar
resistencias, proponiendo que cada hombre -en el marco
de la incertidumbre, y en
la falsa, cuanto fatalista idea de que se han cancelado
las alternativas
revolucionarias al capitalismo- se conforme con el status
actual por negativo
que éste sea. Su punto de apoyo es la llamada
modernidad, aunque ella se
traduzca en más depredación social y ambiental.
Es incuestionable que esta lucha ideológica,
con careta de desideologización,
ha rendido sus frutos, pues ahora son contados los casos
de personalidades y
partidos que se afirmaron de izquierda, que empleen si
quiera el lenguaje
revolucionario de la lucha de clases, hagan referencia
al carácter del
capitalismo, o definan al imperialismo por los rasgos
evidenciados por Lenin
como la fase superior y ultima del capitalismo: la de
su descomposición. En su
lugar, lo han sustituido por el lenguaje retorcido y
desclasado de la
modernidad, mediante el cual sugieren, oportunistamente,
que la lucha de clases
es cuestión del pasado y que el imperialismo ha
cambiado su carácter de rapiña
por el de la colaboración.
Lo más grave es que hoy, a diferencia de
otras etapas históricas difíciles, a
las que se han enfrentado la nación y el pueblo,
la aplicación del proyecto
neoliberal se dio sin que la clase trabajadora organizada,
ni las fuerzas
nacionalistas y de convicción antiimperialista,
opusieran una resistencia
significativa; y menos aún que fueran capaces
de anteponer al proyecto
neoliberal una alternativa progresista, nacionalista
que, sin cerrarse a la
modernización y a los procesos de internacionalización
y a la producción, tomara
lo mejor de nuestras conquistas revolucionarias y se
orientara a desarrollar al
país, atendiendo a una más justa distribución
de la riqueza.
En tanto que las fuerzas representativas de la
derecha, las de orientación
proimperialista y fascista, incluyendo la alta jerarquía
del clero, son las más
activas de México, imponen al Estado mexicano
sus requerimientos y su propia
política, e incorporan a sus cuadros en los altos
puestos de dirección política.
En tanto, la integración a los Estados Unidos
amenaza dejarnos sin rostro propio
y desintegrarnos como nación. La izquierda, hasta
el momento, se ha mostrado
incapaz incluso de examinar la realidad del mundo y del
país, menos de
convertirse en la fuerza orientadora del pueblo mexicano
hacia el progreso y su
plena liberación.
Es una realidad que la mayoría de los partidos
de izquierda no lograron superar
el dogmatismo, el mecanicismo y la concepción
positivizante que les ha heredado
el paradigma del socialismo real, lo cual les ha imposibilitado
para estructurar
un proyecto alternativo de la izquierda nacional al proyecto
neoliberal. Las
consecuencias han sido graves, entre ellas, la dispersión
y pulverización de la
izquierda mexicana y, en otros casos, la claudicación:
muchos de los antiguos
militantes de la izquierda más radical de México
fueron coptados por el grupo
neoliberal y se convirtieron en sus mejores propagandistas,
otros se retiraron a
la vida privada o a la actividad académica.
Por su parte, aquellos partidos y agrupaciones
políticas que se autodenominan
democráticos, no cuentan con un proyecto propio
que pudiera ser la alternativa a
este proyecto neoliberal desnacionalizador y antipopular,
que atenta
esencialmente contra la nación y su autonomía
política y contra los intereses y
las conquistas de la clase trabajadora del país.
Por otra parte, es una realidad innegable que en
los diversos estamentos y
sectores de la clase trabajadora manual y de la intelectualidad
progresista del
país, hay miles de marxistas convencidos, hombres
y mujeres de izquierda
partidarios del proyecto socialista, que por diversas
razones no se han
encuadrado en ningún partido político de
los actualmente existentes, entre otros
motivos por la permanente incapacidad de la izquierda
para superar diferencias
menores, unificarse y estructurar un proyecto alternativo
al del capitalismo
neoliberal, constituido por un gobierno dirigido por
la clase trabajadora de
México, en el que participen todas las demás
clases populares. Esta es la única
posibilidad que tiene el pueblo mexicano para rescatar
su identidad hoy en
riesgo de desaparecer, y echar a andar sus propias potencialidades
comprobadas
en luchas históricas del pasado, y en las movilizaciones
y combates populares
del presente.
4.- CONSTRUYAMOS EL GRAN PARTIDO DE LA IZQUIERDA DE MÉXICO
Para cumplir la tarea de reorganizar a las fuerzas
de izquierda de México, es
necesario crear una fuerza política que sin escatimar
esfuerzos se proponga, en
primer término, reagrupar a la izquierda nacional
y servir de motor para la
reorganización de las fuerzas progresistas, democráticas
y antiimperialistas de
México, generando un gran movimiento nacional
que proponga al pueblo de México
el Programa Revolucionario que sea una verdadera alternativa
al neoliberalismo;
que nos permita detener el proceso de entrega de la soberanía
a favor de los
Estados Unidos; y en cuanto a lo económico y lo
político, reconstruir lo que
aquel ha derruido; construir lo que sea necesario para
ser compatible la
globalización, la modernización y el desarrollo,
con las conquistas y postulados
de la Revolución Mexicana, y para avanzar en la
distribución justa de la riqueza
nacional, preservando la autonomía política
de México; crear la fuerza política
que siente las bases de la nueva cultura del humanismo
en contraparte de la
anticultura capitalista y neoliberal.
Construyamos el partido que cumpla con la tarea
de expulsar del palacio
nacional a la burguesía burocrática y proimperialista
que desde hace décadas
tiene la dirección política del país;
el partido que oriente la vida de México
hacia la nueva democracia socialista, para enfrentar
con éxito los retos del
inicio del tercer milenio.
CONVOCATORIA
Por las anteriores consideraciones, los mexicanos
que suscribimos este
documento, convocamos a los marxistas mexicanos, a los
socialistas, a los
hombres y mujeres de izquierda de nuestro país,
a los jóvenes de México que
están comprometidos con la lucha por un mundo
mejor, a la clase trabajadora, a
los intelectuales, a los artistas revolucionarios y progresistas,
a los
científicos, a los maestros, a los ejidatarios,
a los jornaleros del campo, a
los indígenas marginados desde hace siglos, a
los profesionistas, a los pequeños
y medianos empresarios, a los técnicos, a los
trabajadores del Estado, a los
desempleados que suman millones, a los ecologistas que
luchan por la
preservación del medio ambiente, a los defensores
de los derechos humanos, a los
pacifistas, a los patriotas de México, a construir
un gran partido de la
izquierda mexicana.
El gran partido comunista que se oriente a reconstruir
el objetivo histórico
del régimen social sin explotados ni explotadores,
que ilumine el camino a la
clase trabajadora de México, la cual se resiste
a someterse a la disyuntiva
neoliberal entre miseria con represión, o miseria
con democracia formal; el gran
partido que reagrupe a los comunistas nacionales que
jamás han aceptado quedarse
sin la perspectiva histórica esperanzadora, que
saque al país de la crisis
permanente a que lo ha conducido la burguesía
en el poder.
El gran partido comunista que se oriente a luchar
por la nueva democracia
socialista que sea capaz de ofrecer progreso económico,
justicia social y
distribución justa de la riqueza, junto a la democracia
efectiva, y realización
plena del hombre. El gran partido de los lombardistas
mexicanos que recupere de
Lombardo Toledano su visión humanista del socialismo
y la construcción del nuevo
régimen social en el marco del respeto a la dignidad
humana, en la convicción de
que al hombre no le basta con obtener sólo victorias
materiales, sino que
requiere de desarrollar libremente su espíritu
en un ambiente de libertad y
democracia.
El partido de los patriotas de México que,
inspirados en el ejemplo heroico de
Hidalgo, Morelos, Guerrero, Benito Juárez, Flores
Magón, Villa, Zapata, Cárdenas
y Lombardo Toledano, oriente su lucha para superar el
atraso en el que aún viven
millones de mexicanos, particularmente de las zonas indígenas
del país.
El partido de los creyentes de buena fe, que están
comprometidos en la lucha
por un México libre, autónomo y soberano,
en el que el pueblo alcance mejores
niveles de bienestar.
El partido de los marxistas de México, que
norme su vida interna, inspirado en
los ideales libertarios, democráticos y humanistas
que caracterizan al
socialismo; y que, en consecuencia, establezca a su interior
las condiciones
para el trato fraternal y amistoso entre sus integrantes
y que, sustentándose en
la diversidad de criterios, rechace la nociva práctica
del unanimismo, y la
substituya por el debate, la razón, y la crítica
y la autocrítica constructivas.
El partido comunista que supere el dogmatismo y,
consecuentemente, la
intolerancia hacia otras corrientes del pensamiento;
que sustituya la consigna
por el consenso, el discurso por la reflexión;
que supere el carácter
contestatario de la izquierda tradicional por el estilo
esencialmente
propositivo. El partido que aspire a servir de instrumento
de lucha a la clase
obrera y que, antes de proponerse ser la vanguardia desde
fuera, luche por
ganarla desde dentro.
LLAMAMIENTO
Las circunstancias del presente son duras y difíciles
para la clase trabajadora
del mundo y particularmente de México. Sin embargo,
lo peor que pudiera
ocurrirnos sería caer en una situación
de desesperanza e indefinición de la
perspectiva histórica, o en la impotencia y resignación
ante la crisis del
capitalismo. Afortunadamente ello no ha ocurrido, ni
ocurrirá: la clase
trabajadora de México, sabrá reorganizar
su lucha y reconstruir el objetivo
histórico de la nueva democracia socialista, aprovechando
las enseñanzas del
pasado reciente.
La clase trabajadora de México sabrá
recuperar el camino desandado por la
reacción y el neoliberalismo; la clase trabajadora
de México sabrá recuperar la
soberanía seriamente dañada por la política
antinacional del régimen.
Es el momento de la más intensa batalla
de las ideas para considerar nuestros
propios proyectos como clase revolucionaria, es el momento
preciso de pasar de
la retaguardia a la ofensiva final; es el momento de
reiniciar la lucha por el
poder y por la construcción del futuro.
¡VIVA LA LUCHA POR LA
SOBERANÍA NACIONAL!
¡VIVA LA CLASE TRABAJADORA DE
MÉXICO Y DEL MUNDO!
¡VIVA LA LUCHA POR LA NUEVA
DEMOCRACIA SOCIALISTA!
Ciudad de México, a 20 de Noviembre de 1994.
COMISIÓN NACIONAL PARA LA
FORMACIÓN DEL NUEVO PARTIDO
DE LOS COMUNISTAS MEXICANOS
Sergio Quiroz Miranda, Héctor Colío
Galindo, Armando Ibarra Garza, Carlos Ponce
López, Fernando Acosta Esquivel, Teresa Hernández
Hernández, Carlos Quiroz
Miranda, Manuel Sandoval López, Joel Rincón
Real, Antonio Castañeda, Luis Campos
Olivas, Raymundo Romo García, Alejandro Pérez
Lucio, José L. Zacarías, Baudelio
Mena Pérez, Carmen Bustamante Matuz, Agustín
Zavala Pérez, Norma Lidia Guevara
H., Leticia Pérez V., María Eugenia Rivas,
Jesús Héctor Guerrero Guerra, José
Carlos Rojo, José Luis Zárate Camacho,
Salvador Lara Lomeli, José Mena Cázares,
Isabel García Aguilar, José Domínguez
Barrios, Joel Mena, Eliseo Macín
Hernández, Odón Nava Martínez, Guillermo
Quijano Sandoval, Francisco Velásquez
Albarrán, Yolanda Ramos Bustamante, Verónica
Sedano E., Luis Avendaño Montoya,
Guadalupe Hernández Hernández, Nicolaza
Estrada Montero, Felicitas Bueno Vargas,
Rosario Quiroz Pacheco, Teresa Guzmán Pineda,
Manuel Machuca López.